25 de julio de 2012

La metamorfosis de Jose Antonio.


Cuando Josep Antoni despertó aquella mañana, luego de un sueño agitado, se encontró en su cama convertido en un ser monstruoso.

Estaba echado sobre el catre y la camiseta se le pegaba al colchón. La calor le subía desde abajo. Una calor sahariana de camello muerto. Quiso levantar la cabeza y recolocar su memoria pero los rayos de sol que se colaban por el esparto que hacía de cortina le obnubilaba la mente.
Se miró los pies sudados e intentó recordar como se habla.  

-  És l'hora de treballar aixeca, que la fortuna et crida - una sonido de contrabajo se le tornó respuesta en la garganta de su conyugue. 

Quiso recostarse y no pudo. No tenía fuerzas. Tampoco entendía las palabras de su esposa, le parecía un clarín inconcluso, una melodía atonal.
Notaba que no era el mismo de siempre. Le corría por las venas el odio del monstruo en el que se había convertido durante la noche. Una transformación total de su mente. Se sentía despreciado; adusto y seco como la calor que le llenaba el cuerpo. Su cerebro ahora estaba atascado en el sarcasmo y la  miseria de lustros de mofa.

 - Vaig a obrir la port.
 -  ¡No!- le gritó llenó de terror a él mismo.
 - Que t'ocorre? estic preocupada. 

Saltó entonces de la piltra como un resorte. Sería capaz de cualquier cosa con tal de conseguir que su esposa no lo viera en esas circunstancias. No solo eso, lo que pudiera escapar de sus labios sería aún peor que sus acciones. Apuntaló la tranquera con su cuerpo mientras se tapaba la boca con ambas manos. No debía consentir que el monstruo hablase por él. Estaba tan cansado. 

Su imagen en la comoda no pudo ser más patética. Se miró las manos llenas de cayos duros como rodilla de cabra. Los labios atesoraban saliva en las comisuras y la cara estaba rajada por el sol. Encorvado y melancólico como solo un bracero por horas puede mantener el espinazo

 - Obriré el vulguis o no. 

La puerta se abrió de par de par y la esposa quedó muda ante este nuevo hombre que no conocía de nada. A Josep se le marcaban arrugas antiguas de pescador sin cala ni barca. Surcos de arena removida y seca le cruzaban el rostro. 

- Això que et passa no és cristià. Que anem a viure ara? 

Cabizbajo, asumiendo su nueva configuración, se retiró al exterior donde el sol quemaba con fuerza. 

La esposa quedaba atrás, difuminada de la  realidad; una figura transparente entre volutas de calor salida del suelo: ya no existía. 

Algún sollozó escapó de la boca de la mujer antes de desaparecer, el tiempo justo para que el sonido se le metiera por una oreja. 

- Solament et demano que no ho demanis...no demanis el PER. 

- NO ni ná- le contestó.

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Un andaluz hablando andaluz