Extraño



He conocido a alguien. Parece que ahora todo tiene sentido y mis noches de pesar quedarán relegadas como lo que son: malos sueños, pesadillas, juegos mentales, terrores nocturnos, llámenlos como quieran. Este será un punto de inflexión. Dentro de poco se irá.

La casa está aún revuelta desde hace meses, esperando que mi estado de ánimo se recupere. No tengo interés por nada. Estoy devastado, la tensión se acumula en mi cuerpo. Este dolor de cuello me está matando después de horas de desvelo.

No quiero que mi situación peculiar aflore en el peor momento, así que voy a relatar lo ocurrido, por muy loco que parezca, ya sea como exorcismo, terapia o desahogo.

Todo empezó hace tres meses, cuando vine a vivir a este apartamento.

El dormitorio, aparte de la cama, no tenía nada más. Duermo con las persianas abiertas; no soporto la oscuridad absoluta.

Me llamó sin abrir la boca ni emitir sonido alguno por su garganta. Nunca lo hace. Estaba subido encima de mí a horcajadas. No sentía el peso de una persona adulta por su tamaño, más bien la ligera sensación de ser cubierto por una capa de hojas secas, frágiles y casi sin peso. Ahora que lo pienso, era más parecido a la cáscara de un molusco muy grande, hueca, vacía; el peso de la piel mudada de una serpiente sin nada en su interior. Me enseñó los dientes: los tenía todos.

No me planteo que estuviese soñando. Ha ocurrido muchas veces y tengo plena conciencia de ello. Nunca en esos instantes de visita estuve más lúcido. Cuando me habla sin mover los labios, no para; es un monólogo interminable que me parece profundo. De vez en cuando muestra los dientes y los hace rechinar; no comprendo nada de lo que dice. Mi cuerpo no responde a mis órdenes. Quedo paralizado y no tengo más opción que oírlo. Incansable, se repite en palabras ininteligibles para mí, hace sonar los dientes y entonces atisbo a ver una lengua translúcida; es una larva asquerosa atrapada en una jaula de muelas y molares que lucha por escapar. Cuando termina su perorata no desaparece, como cabría esperar de un alma en pena o una alucinación. Se baja de sobre mí y deambula por el dormitorio buscando no sé qué. Escucho sus pies descalzos por la casa mientras continúo congelado. Sigue buscando o curioseando, lo desconozco. Luego me vence el sueño. No puedo escapar ni gritar, así que solo me queda dormir y, por increíble que parezca, acabo desfallecido, hibernando hasta que amanece.

Durante el día trabajo de forma maquinal. Me convenzo de que lo que ocurre por las noches es fruto de la tensión, un monstruo que ha creado mi mente. Llego incluso a olvidarlo, un mecanismo de defensa para no caer en la locura.

Hoy, después de mucho tiempo, tengo compañía. Para mí es todo un acontecimiento. Se ha dormido y yo no tardaré en hacerlo. Por primera vez espero con ansia que me despierte como hace siempre, sin abrir la boca y hablando en mi cabeza.

Un rechinar de muelas: ya está aquí.

Conozco esa expresión en el rostro de la persona que comparte mi cama: impotencia y pánico en sus pupilas que se giran hacia mí. Lo sé, no puedes moverte y quieres ayuda, que te quite el leve peso de babosa que tienes en tu abdomen. No lo hago; es seguro que al acercarme quedaría paralizado. Prefiero quedarme así, mirando. Tengo interés en cómo acaba todo.

Posa la boca en su cuello y veo un atisbo de sus dientes, que son romos. Hace fuerza hasta morder. Después deja caer el pequeño trozo de carne y posa los labios para absorber, dejando el cuerpo como una pasa arrugada. Acaba de alimentarse. Lo hace despacio hasta que el cuerpo que está junto a mí termina marchito y negro. Ahora solo quedan cenizas: una mancha oscura en las sábanas.

Se ha colado por las cortinas abiertas un fugitivo rayo de sol que incide en mi rostro. Despierto. Me siento ligero, la tensión en mi cuello ha desaparecido. Estoy lleno de energía y con todo el valor para enfrentarme al mundo. Terminaré de arreglar la casa de una vez por todas, me despediré de mi absurdo trabajo, olvidaré todo lo del divorcio que me estaba consumiendo.

Tengo todo el día para mí y las siguientes noches, todas.

 


Click aquí, si quieres oir la dramatización de este cuento por Rodriguez Nuñez en La barca de Caronte La Barca




Comentarios

Entradas populares