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El Collar de la Reencarnación

Crítica de Arte en ArtForum — Grande R y obra final

La obra de Grande R ha sido impactante, demoledora y ha dejado a la crítica especializada sin palabras. El Collar de la Reencarnación se presenta como un objeto de contradicciones: un lienzo de seda inmaculado marcado por un gesto extremo, que conjuga violencia y belleza en un mismo trazo. La pieza desafía nuestras expectativas sobre lo que puede ser arte y cómo este dialoga con el cuerpo, el espacio y el tiempo.

Su fuerza reside en operar en varios niveles: como documento físico de un acto radical, como objeto visual de resonancias cromáticas y como comentario sobre el espectáculo del sacrificio en el arte contemporáneo. Algunos críticos resaltan su tensión extraordinaria entre lo sublime y lo perturbador; otros, que depende demasiado del impacto inicial para sostenerse más allá de la primera mirada.

Adquirida en subasta a los pocos minutos de su exposición por 40 millones de dólares, la obra demuestra cómo el mercado puede amplificar y legitimar simultáneamente el alcance conceptual de un proyecto. Conocemos su título, El Collar de la Reencarnación, gracias al propio Grande R, quien lo dejó escrito en las paredes de La Casa con sus propios excrementos antes de estrellar la cabeza contra la pared principal, en un acto que se transmitió en directo.

Pronto, el escenario de esta obra extrema, La Casa, será demolido para siempre.

Transición

Antes de ese instante final, existió un viaje más silencioso, íntimo y perturbador. La casa tiene unos doscientos metros cuadrados divididos en dos plantas. No es demasiado grande, pero tampoco pequeña; en todo caso, su tamaño es suficiente para este experimento artístico y mi estancia en ella durante un mes. Toda la vivienda —techos, paredes y suelo— está forrada de azulejos blancos, pulcros y relucientes. Las luces LED están repartidas por las habitaciones y siempre se desconectan a las 22:00 horas, para no volver a encenderse hasta el amanecer. La casa carece de ventanas. Está vacía de muebles. En esta casa, no vive nadie excepto yo. La casa es un lienzo para mí; yo soy la casa.

Durante la primera semana dormía muy poco, casi nada… ¿o no? Tal vez solo soñaba que dormía poco. Cuando las luces se apagaban, la oscuridad era absoluta. Pasaba mi mano por las crucetas de los azulejos, recreándome en el eco de mis propios pasos. Pensaba en el arte de los antiguos y en lo que yo estaba creando ahora. ¿Cómo podría trascender Grande R y quedar para toda la eternidad?

Estoy en la tercera semana y me veo a mí mismo desde fuera, puede que ya no sea yo:

"Esta obra es una farsa", grito, mientras de rodillas rozo con la frente las juntas entre los azulejos. La casa se alimenta de mí cada vez que las luces se apagan. Si cada amanecer soy otro, entonces ya no soy Grande R. Dejar la rueda de las reencarnaciones en esta casa que me transforma… solo mi arte puede hacerlo. Mi arte será quien me libere.

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